Vemos el mundo de acuerdo a lo que alberga nuestro cerebro, experiencias y emociones, desde ahi hacemos una interpretación del entorno, del mundo, y desde ahi vivimos.
La tradición tibetana habla del Maya, ilusión, término muy acertado, dado que la realidad última es ver a la suprema inteligencia trabajando por un universo mejor a través de los vehículos, como son el cuerpo físico, emocional y mental.
